sentimientos

Sombra

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Tengo un rincón en el alma oscuro, tiñendo de sombra la luz de las palabras.

De mariposas muertas pudriendo la carne de mis entrañas.

Tengo la sangre revuelta y espesa latiendo aletargada. Venas que cosquillean llenas de hormigas taponando cada una de mis heridas.  Pudriendo cicatrices mal curadas perfumadas de muerte.

Tengo latidos arrítmicos cantando a la dulzura de un desvarío y la muerte. Y unos cuencos vacíos de sueños, nublan la mirada que un día fue tu océano.

Suena el chasquido de unos huesos carcomidos en cada paso que tropiezan mis pies llagados.  Y en mi boca dibujan la mueca de una sonrisa unos labios cuarteados y resecos.

Arde la sal que dejaron los besos, todos los que murieron de desencanto.  Busco en el espejo migajas de humanidad, y el reflejo me escupe un cadáver inerte.

Una sombra de humo que resiste disiparse. Una brizna de ascuas lucha por no apagarse.

Tengo un rincón del alma oscuro, donde hacen pozo los ojalás perdidos. Donde hacen lago todas aquellas lágrimas negras vertidas en silencio, por dentro.

Y en su orilla hacen vaivén esas sensaciones que a veces no consigo arrancarme del todo.

Tatuadas bajo la piel como cicatrices invisibles, ajando la inocencia que aún me queda.

Tengo un rincón que me atenaza hasta hacerme silencio. Pequeño pero a veces profundo.  Un rincón en el alma oscuro. Donde clavaron todos sus cuchillos. Donde agrietan la sonrisa que aún brota en mi mirada, desafiando al tiempo.

Tengo un mar de tormentas, y un viento que no cesa de jugar entre mis  manos. Un silencio que ensordece hasta los latidos más desbocados.  Una batalla donde todos ya fueron vencidos, donde sólo quedan huesos quebrados.

Y entre el silencio, y el negro vacío, aún me queda un suspiro alentando bocanadas de esperanza. Un latido pulsando a borbotones sin pauta. Un hilo de ilusión descosida y remendada.

Tengo un rincón del alma oscuro, donde las grietas se filtran buscando aferrarse a las ganas, mientras taponan remiendos de sensaciones dormidas. Tengo un cajón donde habitan aún ojalás desvanecidos.

Y entre dudas y lluvia, brotan de mis manos vacías las ganas de no rendirse, los ahora que no esperan, mientras la mirada se pierde en el infinito, queriendo ver entre mil sombras.

Tengo un hilo de rebeldía cosiendo todos mis rotos. Contradicción de luces que oscilan hasta casi hacerse invisibles, iluminan la penumbra de mis pies descalzos.

Y sobre todo tengo, un corazón insensato que cree que todo puede vencerlo.

 

 

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Y parece que es

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De tanto reclamar la risa va a parecer que se te han muerto las ganas.

Y es que suena a lo lejos el dulce retumbar de tu voz contra las ventanas empañandas por tu aliento.

Sonrie el viento mientras le abro de par en par mis cristales. Baila mientras se cuela por los resquicios. Y entorno mis parpados llenos de arena pesada, para deslizar hasta el último sus granos, y atiborrados de brisa y sueños, ver sin abrirlos, el color de tu alma.

Va a parecer que se ajaron todas las flores de mis palmas. Piel reseca palpando a ciegas. Y se vuelven mariposas alrededor de tu cuerpo hasta abrazar tus poros.

Va a parecer que volvi tristeza y aspirando despacio sonrio en silencio.

 


Tiempo

A veces en la vida formamos parte de historias que son únicas. A veces dos caminos se juntan por casualidad y se enlazan formando uno.
A veces el amor envuelve el alma. Y nada puede traspasarla. A veces somos parte de algo maravilloso.
Estas letras son para celebrar ese camino que recorréis desde hace tantos años.

 El mejor regalo que puede hacernos la vida es tiempo para estar con los que amamos. Tiempo para empaparnos de existencia.  Del sonido de sus susurros y la música de sus risas.  Del suave aroma de la piel que nos estremece.  Del brillo de unos ojos que nos sonríen. 

El mejor regalo que puede hacernos la vida es presencia.  La de los que nos abrigan los fríos cuando nos inunda la lluvia de las lágrimas.  Las que hacen de su abrazo hogar y cobijo.  La de los que nos sujetan cuando bordeamos los abismos. 

El mejor regalo que puede hacernos la vida es el calor de unas manos aferrándonos fuerte cuando flaquean nuestras fuerzas. Nos tiembla el pulso y el latido se nos hace nudo en la garganta. 

Y así, da igual cuanto nos apriete el destino, cuantos cristales nos corten el alma.  Si unos brazos nos acogen hasta juntarnos todos los pedazos.  

Vosotros habéis compartido cada momento de ese tiempo, haciendo de vuestra vida, camino. Un viaje de largo recorrido, sin punto de destino. Bonito es saberse parte de esa historia, y bonito es saber que aún seguiréis avanzando como hoy, unidos.


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Acostumbrarme

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Pocas veces te digo cuando llenas mi vida, cuanto iluminas mis sombras, o como acaricias mi alma cansada con tu sonrisa. Pocas cuanto te echo de menos. Sólo sé sonreírte mientras me llenas del calor de tus manos. Y cuanto me costará ver desde la distancia tu camino. Y mientras, sólo sé hacer refugio entre mis brazos para cuando lo necesites.

Tengo que acostumbrarme a no hacerte ausencia, a caminar dos pasos por detrás de tus huellas, con las manos vacías por si en un tropiezo las haces bastón de tus raspaduras, y llenas de sueños, por si necesitas que los lance al aire en las noches sin luna. He de acostumbrarme a dejar las ventanas abiertas al viento, a la brisa de tu vuelo, aprendiendo a sortear las nubes de tormenta, por si te posas en el alféizar reponiendo tus fuerzas antes de seguir planeando entre las estrellas.

He de aprender a dejar las puertas abiertas, a romper todas las cerraduras de ese castillo que construimos juntos, y bailar descalza por todos los rincones que aún guardan el murmullo de tus risas y el dulce aroma de tu piel.

He de aprender que nada me pertenece y sin embargo todo es mío. A mirarme en tus ojos de mar descubriendo todos tus sueños. A llenarme de la sonrisa de tus pupilas para cuando no estés, mientras me acaricia el calor de tu abrazo. A seguir en tu ausencia y a atesorar cada reencuentro.

He de acostumbrarme a que te vayas y sin embargo a sentirte tan pegado a mi alma que el tiempo no exista. A despegarte de mis brazos haciendo refugio a tus tropiezos, para lanzarte al vuelo de tu propio destino. A dejar que crezcan tus alas fuertes y valientes, mientras las mías aún arropan tu caída haciéndose red.

Acostumbrarme a ser tierra y raíz donde crecer con fuerza las ramas de una vida nueva. A encontrar el equilibrio entre arroparte y vigilar en la distancia tu camino.

Y mientras yo me hago otoño esparciendo mis hojas a cada paso, brotan tus ilusiones llenando mis fríos. He de aprender, lo sé, y mientras lo hago me lleno de cada risa que rompe el silencio, cada ilusión reflejada en tus ojos, cada lágrima que baña mis brazos mientras te haces más fuerte. Me lleno del calor de mi atardecer haciéndome luna. Y sonrío, sabiendo que hay pedacitos de tu alma que siempre estarán pegados a mi piel.


Vídeo

Hojas

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Hay palabras esperando brotar, que acaban dibujadas en tinta. Hojas de un diario nunca escrito.

Empecé a escribir siendo una niña porque la timidez se me hacia bola en la garganta, las palabras se anudaban haciéndose ovillo y las sensaciones se me atragantaban. Es por eso, que pese a no saber construir historias, sigo hilvanando palabras sobre un lienzo invisible.

Garabateo palabras, porque las emociones se me agolpan en la punta de los dedos mientras me recorren, y pese al tiempo, y las mil páginas pasadas, siguen haciéndose nudo entre mis silencios ahogando mi voz.

A veces, es sólo una forma de no perderme entre mil recuerdos difusos, como si al difuminarse yo me diluyera en ellos. Y entonces, aunque sabes que sólo sabes emborronar las hojas, te escribes, sólo por no olvidar quien eres, mientras desde el otro lado de ese folio pintados en tinta te miran todos los recuerdos.

Los que dejaron surcos en mi piel como cicatrices, las que todavía acaricio con los ojos cerrados, despacio y en silencio, sólo por saberme entera. Llena de grietas por las que se me escapan cada uno de los suspiros, pero entera.

Cicatrices que acaricio con triste dulzura, porque sé que cada una de sus líneas me forjó el alma en barro y arena, hasta hacerme orilla de una playa que sólo existe dentro de mí, a la que vuelvo cada vez que cierro los ojos aspirando mar y sal hasta sentirme agua. A la que acudo como refugio, mientras fluyen las sensaciones hasta amainar una vez más la tormenta y hacerme calma.

A veces, entre cuartillas sin pauta, vuelves a ser esa niña que asombrada miraba el atardecer mientras el viento le erizaba las sensaciones sobre sus brazos menudos, mirando por aquella ventana abierta al mar y a un mundo en el que aún cabían los sueños. Te ves desde fuera, como si cada momento que modeló esa frágil coraza que te rodea pasara despacio ante ti, y mientras todos te ven fuego y coraje, tu sólo eres esa niña con los ojos llenos de ojalás, y las ganas apretadas en las palmas, que aún mira al mundo sin comprenderlo.

Escribe me digo, que algo queda, como quien siembra palabras entre las líneas de los silencios. Y me paro frente a las teclas de esa página en blanco que me mira de reojo, sabiendo que una vez más siento ese frío que se me cuela por dentro.  Y emborrono letras que bailan las notas de un blues que sólo yo escucho dentro de mi, y todo es como una película antigua, en blanco y negro, en que las brumas recorren calles desiertas, y el sonido de unos pasos viajan entre el humo de una cualquiera de tus noches. 

Escribe, me dice ella,  y fluye en tinta cada gota de agua salada que llevas por dentro,  hasta hacer cristales que llenen de luz tus mejillas de nuevo. Yo luego te leo.

Y escribo. Tacho, emborrono y borro. Me desbordo o me contengo, y guardo las palabras en borradores, y me sonrío mientras pienso que  vivimos como si la vida pudiera ensayarse  o guardarse en páginas arrugadas hasta hacerlo perfecto. 

Empecé a escribir porque las palabras dolian golpeando contra mi garganta, y todo lo que quería gritar se quebraba y hacía sonido hueco. Eran tantas las cosas, tantas las ideas, las sensaciones que hubieran muerto si no se hubieran hecho lecho de tinta en aquellas cuartillas desordenadas, que me vertí a trazos. Con el tiempo me acostumbré a fluir desde ese tintero invisible, cuenco en que derramar todas las palabras, las que se atascaron en la boca, o aquellas que de tanto arrinconarlas apenas recuerdo. Y así se convirtió también en mi memoria, un pequeño cajón en el alma donde resguardar todo lo que fuí, todo lo que fuimos, todo lo que soy.

A veces, entre la bruma de esos recuerdos, se agolpan las sensaciones, la memoria juega al escondite y la linea que separa pasado y presente se me difumina. Me veo en el reflejo del cristal de una ventana, pidiéndole a la pluma que desangre todas las letras que burlonas bailan sobre un folio amarillento.

Y entonces me sorprendo pensando en lo lejos que queda todo aquello que era, o que creía ser, y con prisa lo garabateo entre renglones torcidos antes de olvidarlo.

Escribe me dice, que algo queda,  como quien dibuja flores a lápiz sembradas en letras, que yo luego te leo, y yo me escribo, sin reglas ni márgenes, entre los renglones de los silencios.


Suena el viento

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Suena el viento entre ramas desnudas, hojas secas bailan haciendo remolino sobre mis aceras, y suena esa canción.

Oscilan como brazos quebradizos, mientras silba sobre sus copas vacías a otoño que no quiere ser invierno.

Llueven hojas sembrando caminos en ocre y naranja, lecho de naturaleza quebradiza que cruje bajos tus pasos.

Y tú, empeñada en mecerte en su brisa esperando la sal de una ola, mientras se hiela el asfalto como un corazón de invierno. Juega a enredarte los pliegues, alborota tu pelo y tu sigues sonriendo, mientras se cuela bajo la ropa, dices que susurra tu nombre, y sabes que un día vendrá a buscarte.

Y tú sigues invocando la hierba mojada de una ladera sin precipicios bajo tus pies, cómo si aún nos quedaran primaveras por florecer.

Y dice el sol mientras muere en un infinito naranja que teñirá la luna de noche tu danza. Y tú sigues bailando caminos de plata, mientras nos queden acordes en la punta de los dedos, mientras nos cosquillean los pasos sobre la arena fría de tus orillas.

Y mientras, suena el viento, a música. A canciones que son personas, a personas que fueron melodía, y tu dejas que pasee por tu piel desnuda de melancolías. Te envuelve su brisa pegando la sal a tus poros, como si el mar pudiera adentrarse y barrer tus aceras grises. Juega el viento a traer recuerdos enroscados en su música, mientras baila los árboles desnudos.

Silba el viento sobre adoquines, baila sobre los tejados mientras trae tu nombre.


Hace Tiempo

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Hace tiempo que se me han muerto todas las flores,
hace inviernos que tengo escarcha en las manos,
que hace frio en mi alma, y en todas nuestras habitaciones.

Hace días que las palabras rebotan contra paredes vacías,
suena a hueco un lamento, y nos ahoga el silencio.

Hace horas eternas que llueven lágrimas negras,
se nos llenan los ojos de tormentas mientras aulla el viento,
que bailan a nuestros pies todas las hojas de nuestra historia.

Y ahora que en la ausencia se me escapan sensaciones,
escurren entre mis dedos todos aquellos viejos sueños.

Frente a frente sin palabras, nos reprochan las miradas,
y las manos que hace horas buscaban nuestras pieles
apenas rozan el borde de nuestros cuerpos.

Hace segundos que aún me quedaba en los labios un beso,
un sueño en las pupilas, un te amo en la garganta.

Y ahora sólo siento las frías baldosas de una habitación vacía,
flota en el aire el humo de un silencio, como ceniza

Hace noches que se esconde la luna, entres sombras y nubes grises,
baila las olas bañada en la sal de mis lágrimas,
son mis pasos siguiendo su orilla frios reflejos de plata.

Y sobre la arena pasos inciertos sin rumbo buscan tu rastro,
huellas borradas por el mar perdidas en tu horizonte .

Y sobre la arena pasos inciertos sin rumbo buscan tu rastro,
huellas borradas por el mar perdidas en tu horizonte

Hace tiempo que volaron lejos todas las mariposas,
perdidas entre este jardín yermo de nuestro desamor,
y escaparon por las grietas de nuestros corazones.

Y ahora, entre estas cuatro paredes que se hacen estrechas,
me hago cada vez más pequeño, se me deshace el alma en cristales
mientras flotan aún tus palabras en el humo de nuestras cenizas.

Hace segundos, minutos, horas o días, que ya no cuento momentos,
Se paró el reloj de mis suspiros, lato despacio en dulce letargo,
frente a frente el frio acero de tu mirada ya no me araña la piel ni el alma

Veo tus labios afilando palabras, y en mi mente sólo suenan canciones,
y afuera la luna nos mira en silencio, mientras te marchas de donde ya no estabas

Cierro los ojos y abre el viento las ventanas arrasando el frío,
y ya no me dueles bajo los poros, ya no aturden tus reproches,
y es que hace tanto que nos hiciste silencio, que me vistió en su coraza.

Y es que hacía tanto que no somos, que sólo quedaron hojas secas en el suelo,
baila el viento sobre las baldosas, sobre las flores que murieron,
vuelan todas entre escarcha y frío, dice que se las llevó lejos.

Hace tiempo que el sol busca una grieta para deshacer la nieve,
y colarse por rincones entre pespuntes y descosidos de mi corazón
para sembrar, sobre mis palmas vacías pequeños sueños.

Tal vez mañana, broten de nuevo..