Relatos y otras prosas

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Clandestino

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A veces la única forma de protegernos de este mundo que tanto duele,  es escupir las sensaciones que nos arañan entre letras y palabras. Y es en esas veces, que me transparento más de lo que me gustaría.  hoy es un día de esos.

Ojalá un día nadie tenga que apretar entre las manos la esperanza, aferrándose entre oscuridad y miedo a un sueño de humo. Esto que no son más que cuatro letras sencillas podrían ser la historia de cualquiera, no muy diferente de las que leemos a diario, no muy distintas de las que hace mucho, muchísimo tiempo escuché en primera persona. Si hace pensar un poquito ya es mucho para mi. Gracias.

Hamal vive entre cartones, guarda la esperanza en un bolsillo de la chaqueta un poco grande que encontró hace ya algunas semanas, junto al container de su esquina, esa esperanza que le resguardó del frío, cuando esperaba en aquel bosque oscuro y lleno de barro, la que le llevó hasta las fronteras, atravesando el desierto. La que al sentir rasgarse su carne contra la valla, le impulsó más que a los otros, mientras agazapado se escondía, aterrado como un niño. Tiritando de frío y miedo, mientras apretaba los dientes, buscando la fuerza para no desmoronarse ahora, que casi roza el imposible. Sintiendo la sangre fluir por su brazo entre carne desgarrada tiñendo de rojo su oscura piel, y la blanca nieve que cubría el barrizal en el que esperan, soñando que existía una vida de oportunidades, un mañana, y pese al dolor profundo que le arañaba las heridas,  luchaba por no desmayarse mientras  aprieta un poco más la mandíbula, encajando los dientes escondiendo su miembro herido bajo la ropa. Hamal recuerda el pánico. El aislamiento, el dolor rasgando su carne casi tanto como su alma, y como allí, hecho un ovillo pensaba en su niñez.

Que lejos queda ahora todo. Su pueblo, seco y yermo perdido entre el humo de explosiones y los llantos apagados de la miseria. Su familia, despidiéndole en silencio, con la mirada amenazando lluvia y un poso de esperanza. La de todos ellos, hecha hatillo como la más preciada pertenencia, condenada a viajar miles de kilómetros de distancia y soledad, buscando esa última oportunidad. Sus sueños, pintados sobre el techo de su cama, tejidos con el hilo de las ilusiones, frágil y dulce.

Ahora vive bajo las estrellas, en una casa de cartón. Para Hamal cada día es el último y el primero de una vida prometida que le esquiva tras cada esquina.

Y mientras se abraza en la oscuridad, añorando la tierna piel de su madre, el aroma de su caricia, la dulzura de su voz arrullándole a oscuras, recuerda a aquel sacerdote. No sabe porqué pero se acuerda de él, hablando del castigo de un dios omnipresente, contra todos los que no abrazaban su mandamiento. Y él, en su inocencia le preguntaba si también castigaría a sus dioses paganos, a su tierra pobre expoliada por la avaricia de unos cuantos, si no la estaban castigando ya entre todos, sumida en miseria y sequía, en tierra cuarteada, y el sacerdote callaba envolviendo sus miedos en silencio,mientras clavaba en él sus ojos, duros y penetrantes, mirándole con desaprobación.

No sabe por qué le recuerda, ahora, que está sólo en la oscuridad, de nuevo hecho un ovillo, abrazando sus miedos en la espalda, en la humedad de una noche de diciembre llena de estrellas, casi tan brillantes como las luces que adornan la ciudad, esperando ver amanecer los sueños.

Suspira mientras cierra los ojos, sintiendo rugir el hambre en las tripas, estrangulando su voluntad, hasta dolerle por dentro. Y piensa que es tal vez, porque entonces le hablaba de paraísos, de una tierra donde no había hambre, ni sed. De lugares donde el agua brotaba en cada casa, y no había que recorrer kilómetros para llenar un cuenco, y en sus cuentos, el horizonte era azul, y verde, mecido por brisas cálidas y los niños iban a la escuela, y sonreían, sin hambre arañando sus pequeños estómagos. Tal vez porque hoy el frío se clava como miles de alfileres sobre su cuerpo, y le duelen los huesos y los recuerdos se le emborronan. Y lloraría hasta quedarse dormido

A veces, le flaquean las fuerzas, y las ganas, y casi no puede reprimir el impulso de volverse. Tirar las promesas de una vida tras las sombras, y volver al refugio de su hogar, pobre, hambriento, pero su hogar. Y entonces ve los ojos de su madre, llenos de amor y preocupación, hasta doler, y cómo explicarle las cicatrices que surcan su cuerpo, el miedo cruzando las líneas, aquella nave llena de cuerpos tan doloridos como él, almas rotas, sin sueños, las mafias, la clandestinidad, el hambre. Hatillos de mercancía vendida en el suelo, siempre alerta, siempre a la carrera, siempre huyendo.

Y rebusca en su bolsillo, junto a ese pedacito de esperanza que aún le queda un trozo de pan duro con que acallar las entrañas, y ese miedo que renace cuando se descuida mientras se susurra “… Tal vez mañana nace la oportunidad, tal vez”.

Y mientras lágrimas silenciosas brotan despacio, se deja vencer por el sueño.

P.D. No conozco a Hamal, pero mi ciudad está llena de víctimas silenciosas de un mundo que no sabe dejar de devorarse. De sueños rotos. Un mundo lleno de fronteras a la miseria y el dolor, pero que no existen para los que acaparan sus riquezas. Que no hable de ello no quiere decir que no me importe. Tal vez, es que muchas veces el mundo me duele y no sé cómo parar la náusea

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Pequeño poeta

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A veces no “vemos” realmente a las personas. Creemos conocerlas, y las etiquetamos, sin mirar la belleza de su alma, el calor de su corazón, y pasan desapercibidas. A veces, estamos rodeados de poesía y no la sentimos. Yo conozco a alguien con un corazón muy grande que se escondía tras una coraza de tiempo y distancia. Hace mucho, un día cayeron las barreras y vi su alma, dulce y tierna, aunque nada me sorprendió, pues en realidad yo ya la conocía, y la inspiración que es caprichosa, me susurró un pequeño cuento. 

Dicen que había un aprendiz de poeta que siempre miraba a la luna. Ella, confidente del torrente de sensaciones que vivían en su pecho, acariciaba sus noches con sus haces plateados. Dicen, que él acudía cada noche a una playa de olas pausadas, de rumor de sal y brisa cálida y allí, sentado en su arena imaginaba. Escribía, componiendo poemas, garabateando notas sobre un gastado cuaderno. Canciones, que algún día podría dibujar sobre las hojas de toda una vida. La de ella. Y en silencio, sintiendo tan sólo la música de sus latidos, soñaba.

Dicen, que en su pecho guardaba el dolor de un mundo que agonizaba, sordo a los lamentos de las almas nobles, corrompido por la avaricia y el orgullo, tan decadente, que se bañaba en las miserias de unos pocos. Y él, con su corazón puro, acogía todos esos gritos sordos, secos, que nunca llegaban a escucharse. Guardaba como semillas cada lágrima vertida, depositándolas en aquel mar que lo acogía, entre espuma blanca y rumor de brisa salada, esperando que un día amaneciera de nuevo la luz.

Esperando el día en que pudiera plantar cada pequeño recuerdo, cada semilla albergada en su memoria, cada palabra escrita para no ser olvidada.

El joven, era muy humilde, y trabajaba por unas  monedas en todo aquello que le ofrecían, esperando su oportunidad. Voluntarioso y dispuesto, esperaba, mientras leía ilustrando su mente, llenando de belleza su corazón, y entretanto, la poesía se le escapaba entre papel y tinta sin que se diera apenas cuenta.

Y cada noche, acudía a aquella orilla a sentir las historias que el mar le contaba, aquellas en las que los hombres eran amigos, y buscaban su sustento en armonía con la naturaleza.

Eran tiempos en los que la cordura, aún no había desaparecido y la tierra ofrecía sus frutos generosa, extendiendo como un manto sus bosques y montañas, sus rios de aguas limpias y cristalinas, y el mar no conocía de la avaricia de unos pocos, y en su inmenso azul pintaba aquel pequeño planeta.

El poeta escuchaba, y escribía cuentos y versos imaginando lugares que llenaban de belleza sus ojos. Se esmeraba para guardar entre letras toda esa magia, los primeros rayos de luz al amanecer sobre el horizonte, pintando de oro el mar, que los recibía en sus crestas de ola en espuma limpia. El olor a sal de la brisa acariciando su piel, llenándola de emociones. El aroma de la tierra mojada tras la lluvia o la caricia de la hierba sobre sus pies descalzos. Y así garabateando entre borrones de poesías incompletas, guardaba la belleza de cada instante, y cada poema era como un frasco de esencia atesorando belleza.

Dicen que el tiempo lo volvió mas callado, mas adusto y triste. Enfadado con un mundo que se volvía hostil, vacío de humanidad y sentimientos, y que él, cada vez más, no entendía, fue aislándose, esperando el momento de sembrar de nuevo todas aquellas pequeñas maravillas. Callaba su alma noble entre la locura de un mundo inmerso en su violencia y sinrazón, que lleno de codicia agonizaba marchitando su belleza. El pequeño poeta se sentía muy solo, impotente, y poco a poco una profunda tristeza se apoderaba de él, mientras el fuego de sus ojos, la pasión y el enorme calor que guardaban, se apagaba.

Cada noche miraba a la luna esperando respuestas sin saber las preguntas, esperando, que sus rayos de plata dibujaran un camino por el que transitar, por el que seguir. Y así, esperando, las noches se hacían amaneceres, y el día llegaba con su luz hiriente sin haber encontrado los porqués, a tantas y tantas cosas que apesadumbraban su corazón, mientras se encogían sus esperanzas.

Una noche de luna llena, en la que el cielo parecía más cubierto de estrellas que nunca, como si quisiera cubrir las sombras de luces que iluminaran la oscuridad profunda que sucede al último rayo del ocaso, al llegar a su playa, vio sorprendido que en la orilla había una niña. Era menuda, de piel de luna, blanca y y transparente, y largos cabellos. Caminaba de puntillas, jugando a bailar sobre la espuma que acariciaba la arena, mientras susurraba una canción. El pequeño poeta, lleno de curiosidad se acercó despacito, por miedo de que al verle, la niña se marchara. y al llegar casi a su lado, se sentó en la arena, fascinado por su vaivén acariciando al viento.

La niña, tenía los ojos entornados y danzaba al compás de una música que sólo ella parecía sentir, como si el viento y las olas tocaran para ella. Y él, apenas se atrevía a respirar profundo, temiendo, que al verle, se asustara y huyera, aunque la niña, inmersa en sus sensaciones parecía no haber percibido su presencia, o simplemente, la ignoraba, y absorta en su danza dejaba que el mar besara despacio sus piececillos, y la brisa de sal bailara entre su ropa y sus bucles de fuego, mientras ella daba pequeños pasos y giraba. Y él no podía dejar de mirarla, parecía apenas rozar la arena y el agua, un pasito hacia allí, un giro hacia allá, pequeños saltos sobre olas de espuma entre risas, mientras sus manos acompañaban a la suave brisa de la noche enredándose en su cabello.

Así transcurrió un tiempo que el joven, incapaz de mesurar, creyó un suspiro, hasta que de repente, sin previo aviso, la niña dejó de danzar, abrió los ojos y en tan solo un par de saltitos, apareció de rodillas frente a él, y antes de que pudiera apenas suspirar, fundió un abrazo sobre su cuerpo. Inesperado, cálido y profundo. Abrigo de unos brazos menudos pero llenos de una inmensa fuerza, y el joven sin saber bien porqué empezó a llorar, cómo si guardara mil gotas de fustraciones, cómo si la lluvia de su alma cayera toda en torrente por sus mejillas, cómo si tantos años de espera resbalaran en aquel agua salada que brotaba sin remedio, y entonces, como si pudiera leerle por dentro, la niña le abrazaba más fuerte, más tierno, más profundo y sus suaves y pequeñas manos lo rodeaban, y su dulce alma de cristal brotaba de sus ojos cerrados en aquella tormenta de sensaciones, y al sentirlo, la niña le tatareó sonriendo una canción, susurrando muy bajito.

-No puedes llevar el peso del mundo en tus manos, no puedes guardar todas las lágrimas en tu corazón. Ha de caer la lluvia, y regar la tierra yerma y seca que llena de polvo tu camino, y luego has de partir, y sembrar cada recuerdo para que florezcan de nuevo las sensaciones. Y si quieres, yo iré contigo- le dice con su dulce voz, le habla y le sonríe, como si una sonrisa pudiera curar todo el dolor del universo, allí, frente a frente, arrodillados sobre la arena entre rumor de olas y reflejos de luna, el joven poeta mira a la niña en silencio, sintiendo que el mundo necesita que le recuerden lo que ha olvidado, que hay demasiadas sombras ahogando la luz de las almas.

Nadie sabe lo que duró aquel bello silencio, nadie sabe a ciencia cierta dónde empezó su viaje, ni desde que sendero, colina u orilla brota ahora la poesía, ni dónde danzan las notas libres al viento. Pero las gentes hablan de un pequeño poeta que acaricia con las palabras recorriendo los caminos, vistiendo de historias los sueños, mientras la música nace entre las grietas de la tierra, bajo unas pies menudos, que bailan hasta que brota la hierba y la esperanza.

Dicen que hace muchas noches que la luna espera en la playa, y mientras mece la orilla al compás de las olas, canta una dulce y triste canción. Refleja sus brillos acariciando un mar en calma, dibujando un camino de luces plateadas que iluminen los sueños, los que dejó sobre la arena un pequeño poeta antes de fundirse en la noche hacia el horizonte.

Algunos dicen que hace muchos atardeceres que el poeta y la niña recorren los caminos, y cogidos de la mano caminan sin descanso, buscando donde recuperar la esperanza de un mundo cansado y desfallecido, hambriento de sensaciones, de justicia, de paz, de alegría.

Hay quien dice que en realidad, un día el viento los llevó lejos, donde ya nada puede alcanzarles, pero ya se sabe, nunca se descubre cuanto de leyenda y cuanto de cierto hay en un cuento…


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Ven y despeiname los sueños

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Ven y despéiname los sueños, susúrrame caricias húmedas y cálidas que me atraviesen los poros.

Arrebátame hasta el último aliento. Róbame los suspiros mientras me recorres con tus besos

Daria un mundo por no extrañarte. Por no sentir que sin ti me ahogo. Por no buscarte a cada instante. Daria todo porque Tú sintieras esto.

Y los días sin ti son eternos. Y las noches esperándote un universo entero. Y muero cada segundo tus ausencias. Y no puedo arrancarte de dentro.

Y he olvidado cuando empecé a beberme las noches apurando momentos de vida.

Y te sueño, y cada sueño es un suspiro que no acaba, y cada suspiro es un largo beso, cada beso un sentir y cada sentimiento un verso.

Y cada letra que me brota se teje en tu nombre. Y tu nombre es mi verso. Cada letra se escribe con la sal de tus besos

Sentimientos que me desbordan, me queman en el pecho, se desparraman y se me escapan en forma de verso entre los dedos

Y no quiero sentir así, y me arrancaría los sentimientos y las ganas de sentirte para no seguir sufriendo y Ahogaría los deseos las ansias de tocarte de besarte que me arañan por dentro.

Y quisiera no echarte tanto de menos. No pensarte cada segundo, no añorarte cada momento. Pero no puedo porque te cuelas por cualquier recoveco, y me inundas y me desbordas y me llegas muy dentro.

Y dibújame cada uno de tus versos. Vérsame cada uno de tus deseos en la piel. Escribe en mis poros cada 1 de tus besos

No quiero pero te me cuelas por cada poro invadiéndome sin reservas. Y lo ocupas todo mientras me despeinas los sentimientos.

Y me agarran tus susurros suspirando mi nombre, aferrándome a una ilusión que me mantiene viva

Y las horas se me escapan traspirando tus deseos. El aire silva al pasar placeres que se ahogan en un suspiro

La música se me quiebra en la garganta a cada caricia. Canciones que nunca aprendí se evaporan entre gemidos

Y tengo todos los suspiros atrapados en tu cuello. Mis labios se durmieron pintando con sal y agua en tu piel.


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Encuentro

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Angel llega al hotel por fin, un hotel discreto pero lujoso. Está nervioso, lo nota en su respiración, un tanto acelerada, en las finas y casi imperceptibles gotas que mojan levemente su espalda, y en ese hormigueo que siente en las manos. A penas ha recibido un mensaje escueto en su móvil citándole a una hora en esa habitación de hotel. Llevaba semanas esperando ese mensaje, esa cita ansiada durante tanto tiempo y que tanto le costó pedirle después de aquel primer encuentro. Y ahora está a punto de verla de nuevo. Su ansia sólo es comparable a las ganas de estrecharla entre sus brazos.

Esa primera vez sólo fue capaz de darle un beso largo y profundo, en el que atrapó su lengua una vez más, enredándola a la suya, sólo que esa vez era de verdad. Y ese beso profundo tantas veces sentido, le había dejado como tantas y tantas veces sin aliento.

Sentir sus labios jugando con los suyos, la sal de su boca, su aroma, el olor de su pelo a limpio, y su tacto suave y sedoso haciendole cosquillas en la cara, sus rizos rebeldes como ella acariciando su cuello mientras la abrazaba, habias sido casi como un sueño, sólo que era real. Esa vez los dos estaban tan nerviosos que apenas se rozaron con la punta de los dedos la piel.. Se conformaron con pasear bajo la luz de la luna por la orilla de aquella playa solitaria cogidos de la mano, juntos muy pegados uno al otro, contandose mil cosas, mientras sentian las olas acariciar sus pies como lenguas saladas y cálidas acompañándolos en su paseo.

Ese que tantas veces habían ensayado en interminables conversaciones que les llevaban hasta el amanecer. Juntos pero separados. E igual que entonces el tiempo había volado y antes de darse cuenta debían decirse adios.. Sólo entonces ella se habia colocado frente a sus rostro tan cerca como siempre le relataba con palabras doradas que a él le hacien sentir tanto, mirandole con sus ojos de profundo azul, tan claros que te atrapaban sin remedio, ofreciendole perderse en ellos. Y él los habia buceado una vez más como en tantas y tantas ocasiones, solo que se había mareado porque la vorágine de sensaciones era tan grande que a duras penas habria podido resistirse. Ana le había pasado las manos por la nuca, y jugueteado con un mechon de pelo nerviosa, mientras él la cogía por la cintura atrayendola hacia sí, suave pero firmemente hasta que sus labios se rozaron.

Y fue entonces cuando ella le besó, como siempre le relataba en aquellos interminables besos de miel y caramelo, de sal, de lenguas enredadas, de vorágine y deseo que tanto les gustaban. Y había sido igual, bueno igual no, mejor porque habia sentido el terciopelo de sus labios acariciando una y otra vez los suyos. jugosos y dulces, sus lenguas se habían acompasado en un baile salado y húmedo mientras se abrazaban y acariciaban con tacto y dulzura la piel. Después de tantas caricias dibujadas en el aire, tantas notas arrancadas a cada poro la realidad se imponia mil veces más intensa, más dulce y arrebatadora.

Y después de perder el aliento, el sentido y el ritmo del corazón que se les salía por la boca sin remedio se habían despedido. Las horas apuraban y el tiempo inexorable los separaba de nuevo tal vez por largo tiempo.

Y ahora frente a la puerta de aquella habitación de hotel, con la llave de plastico en la mano se sentía como un colegial en su primera cita. Apenas transcurren unos segundos que a él se le antojan una eternidad hasta que consigue reunir las fuerzas para introducir la llave en la hendidura y abrir la puerta entrando por fin en la habitación,que permanece a oscuras porque que lentamente tiene que acomodar su visión a la oscuridad. Cuando por fín sus ojos se acostumbre a la penumbra, la estancia se ilumina por la oscilante luz de las velas dispuestas como al azar formando un camino ambarino hacia el dormitorio. Es una lujos Suite, de esas que tienen salón y una enorme bañera redonda en mendio de la habitación.

La música suena cadente, pausada, creando un halo de misterio. Notas de un blues arrancadas lentamente a una gruitarra desgarran el aire que parece denso, o tal vez se lo parece al él ya que una extraña sensación recorre su espalda. A penas ha recibido un mensaje escueto en su móvil citándole a una hora en esa habitación de hotel. Llevaba semanas esperando ese mensaje, esa cita ansiada durante tanto tiempo y que tanto le costó pedirle después de aquel primer encuentro

En la mesa de centro una copa de Gintonic le espera y una nota en la que con letra pulcra y cuidadosa ha escrito una sola frase: TE ESPERO! Siente las punzadas de la sangre recorriendo presurosa sus venas, las siente en la punta de los dedos que le hormiguean fantaseando caricias sobre una piel tantas veces soñada, tantas veces acariciada entre palabras de oro y sueños, bajo la manta.

Apura un largo sorbo, sintiendo el cosquilleo de las burbujas en la lengua, y el regusto seco de la ginebra en el fondo de garganta

Avanza por un pasillo que le parece el más largo que nunca haya recorrido, mientras las velas de olor dulzón parecen bailar al son de una canción llena de sensualidad y belleza. Su corazón se acelera, siente una punzada en el estómago fruto de los nervios, del deseo, la pasión contenida.

Desde el primer momento en que la había visto, había deseado poseerla. Recorrer su piel con la lengua lentamente. Había deseado cubrir su cuerpo de ambrosía y lamer pausadamente cada rincón, cada poro, cada pequeño pliegue, provocando en ella un deseo insoportable hasta que le suplicara que la hiciera suya.

Deseaba sentir sus labios relamiendo su cuerpo, deseaba sentir sus labios en él, hasta que la excitación le quemara en cada poro y le doliera profundamente. Deseaba besar sus turgentes senos. Deseaba en definitiva hacerle el amor lento y pausado. Arrancandole suspiros y jadeos de placer, enloqueciendo sus sentidos como nunca antes hubiera sentido.

Y ahora estaba frente a la puerta de la habitación deseando abrirla, y hacerla sentir sus latidos, sentir su piel presa de la de ella, Acariciar cada rincón con pasión dibujando mariposas y notas de colores, pero quiere contenerse, y llevarla hasta tal extremo de excitación que anulara completamente su voluntad, entregada, hasta ser completamente suya.

Respira hondo, mientras abre lentamente la puerta, conteniendo la necesidad de avalanzarse sobre su cuerpo desnudo, y la contempla extasiado,. diosa de marmol y terciopelo, sobre sábanas de satén negro. Los ojos entornados y turbios de deseo. La piel brillante y perfumada. Sus senos duros, erguidos. Las piernas entreabiertas y el sutil olor del deseo contenido.

Angel se acerca lentamente, hasta llegar al borde de la cama donde se siente lentamente, memorizando cada pequeño rincón de su cuerpo para poder evocarlo luego, cuando en la soledad de su habitación recuerde esta noche. Finalmente se inclina sobre ella y sus labios se funden en un beso mientras le da a beber de su boca parte del líquido de su copa. Con delicadeza derrama un poco sobre su ombligo al tiempo que su lengua empieza a recorrer suavemente uno de sus pezones, y lus dedos acarician el otro.

Ella se arquea levemente, y un escalofrio le recorre todo el cuerpo, mientras bebe despacio el líquido que había derramado, mientras su lengua recorre el breve camino hacía el su rincón más preciado, la fuente de todo placer, arrancándole suspiros a cada pequeño contacto de la lengua con su piel, mientras se aferra a las sábanas.

Él se levanta, y se desabrocha con estudiada lentitud la camisa de seda negra que deja caer al suelo, el cinturón de cuero, al que siguen los botones de los vaqueros que dejan al descubierto la excitación que él mismo siente, verla desnuda ofreciendole el lienzo de su cuerpo para que siga dibujando caminos de saliva, sentir el cosquilleo en los dedos ansiosos de pintar su piel de mil y una caricias tantas veces ensayadas, casi le marea.

Se sienta en la cama, y empieza a besar nuevamente su hombligo, su pubis, mientras la acaricia suavemente deshojando sus rincones, percibiendo la humedad desbordante de esa flor que es su deseo.

Ella quiere tocar su cuerpo, acariciar su piel, y sentir el mármol esculpido en fuego que ahora es él, pero no la deja, quiere que sienta, que cada uno de sus poros sucumba a las caricias, a la sensualidad de su lengua pintando con salada tinta cada pequeño centímetro, y suavemente le ata con una corbata de seda las muñecas, el tacto de la corbata es suave y delicado, y el tiene mucho cuidado de no hacerle daño, simplemente quiere evitar que pueda tocarle intensificando su placer, sus dedos hábiles se abren camino al rincón más profundo mientras su lengua la acaricia en lentos círculos que la hacen gemir y ronronear como una gata, siente una fiebre que la consume mientras le suplica que siga.

Y con la paciencia de un artesano va esculpiendo con lengua y manos la figura amada de su cuerpo. que se tensa con cada gota de saliva, que suspira una nota de placer con cada milímetro pintado. El fuego bajo la piel la consume ablandándole hasta los huesos. Un placer intenso recorre su espalda que se arquea al contacto de sus dedos dibujando cada milímetro de su piel de seda.

Y mientras recorre el templo de su cuerpo oleadas de placer intenso suben y bajan a sus mejillas enfebrecidas. Lo mira con sus profundos ojos, mas oscuros de deseo que nunca, observándole con esa mirada felina que tanto le embruja y ofreciéndole cada rincón de su alma. El se zambulle en su océano sin pensarlo, presa de la excitación más profunda que ha sentido nunca, mientras besa cada pequeño trocito del mapa de su piel.

Ana busca su boca desesperadamente, apoderase de sus labios de suave terciopelo y enredarse en su lengua mientras él sigue con estudiada y enloquecedora lentitud arrancando notas de sus poros mientras apenas roza con las yemas de sus dedos cada centímetro de su amada, cada caricia es una tortura exquisita y febril, cada dibujo tatuado un gemido ahogado mientras se aferra al suave tacto de las sábanas que la acarician.

Angel va recorriendo cada centímetro de su cuerpo tantas veces soñado e imaginado sintiendo tanto placer sólo de acariciarla con sus dedos mientras su boca dibuja una nueva piel de besos tan blanca y suave como la que ella le ofrece como un regalo. Bebe la miel caliente que son sus senos turgentes y provocadores mientras dibuja caminos hacia su rincón más codiciado y profundo recreándose en cada trocito, humedeciéndolo con su lengua, provocando más pasión, más tensión, despertando la urgencia y la necesidad de ser completamente suya, entregada en un baile al compás de sus desbocados corazones que laten sin control.

La mira, extasiado con la belleza de su cuerpo desnudo que se le ofrece entregado sin reservas, mientras le mira con los ojos turbios de deseo, esos ojos en los que tantas veces se ha perdido y buceado sin remedio. Esos mismos ojos que le invitan a conquistar su mundo a cambio de una batalla de caricias prohibidas. La pasión es tensa, y el aire parece haberse vuelto denso y caliente. tanto que cuesta respirar, o tal vez son los anhelos y la pasión que roban bocanadas de aire a los amantes, que sin poderlo remedian se funden en un abrazo de pasíon, de revuelto de carne y piel, de sentirse dentro del otro mientras una danza antigua y poderosa empieza.
Lenta, desesperante y febril, Angel se funde en su cuerpo, haciéndola suya con movimientos tan suaves que parecen dibujar historias en sombras chinescas sobre la pared a la luz de las velas. Lento, despesperante hacen crecer más y mas la necesidad de desbordarse. El impone su ritmo poderoso, profundo pausado, frenando sus movimientos no dejando que ella marque compas alguno gozando de cada segundo y cada súplica en sus ojos. Ana se aferra a su cuerpo, siguendo el ritmo con urgencia que crece que los recorre, mientras se funden en el fuego que los devora convirtiéndose en agua de un único mar, de un mismo océano y una misma playa. Se rinde, generosa y resplandeciente mientras el placer se desboca en ambos, que son ya uno solo explotando como mil estrellas.

El placer de poseerse hasta los huesos, entregados uno al otro, convertidos en una misma agua se abrazan agotados dejándose caer sobre el lecho de sábanas revueltas. abrazados mirándose a los ojos, en los que ya se perdieron hacer tanto. y fudidos en ese abrazo un leve roce en sus labios sella un último beso antes de dejarse llevar por la laxitud de ensueño.

Como en el mejor de sus sueños se duermen enroscados el uno en el otro, el tiempo y el espacio no existen. el mundo se desdibuja en esa habitación. Y el horizonte parece cercano, tanto que puede tocarse con la punta de los dedos. Mañana no importa. Ahora se pertenecen y pase lo pase don uno solo.

fin


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Cada atardecer

Amor en la Playa

Mi querido Amor:

Hace ya un rato el sol se escondió en el horizonte tiñendo las nubes de mil tonos anaranjados. Como cada atardecer bajé playa y me senté en la orilla. La tarde era cálida y la brisa del mar estaba cargada de salitre. Una vez más me senté en la arena cerca de la orilla. Las olas jugueteaban a dibujar caminos en la arena, borrando huellas, escondrijos y castillos. De tanto en tanto, alguna más atrevida me salpicaba los pies descalzos, gotas saladas que recuerdan a tus besos.

Hace rato que te espero. Ver la silueta de tu velero alegre, majestuoso con las velas jugando con la brisa y el viento y la bandera pirata ondeando orgullosa y provocadora como tu. El cielo se pinta de mil colores mientras el sol se despide con lenta cadencia, como si no quisiera irse aún… yo creo que espera a la luna, eterna enamorada a la que apenas puede cortejar en unos breves instantes… Que tristes son algunos amores y que profundos.

Y mientras los últimos rayos dibujan caminos de colores que me embelesan miro el horizonte y me abandono a los sueños. Soñar es tan hermoso y yo sueño tantas cosas.

Te sueño a mi lado arropándome los fríos del alma, esos que no se ven pero que tu presientes antes de que aparezcan. Sueño tu sonrisa que acaricia mis ánimos, tus ojos en los que me pierdo como en un país encantado de dulce y caramelo. Y siento tu risa haciéndome cosquillas en el corazón. Te sueño a mi lado y te acaricio suave con la punta de los dedos recorriendo entero ese templo que es tu cuerpo.

En mis sueños me miras y tus ojos hablan de notas dibujadas en mi piel. Notas que tejen canciones que pulsan sentimientos profundos. Y yo te pinto de colores las sensaciones con los dedos Tu me pones música en los poros de mi cuerpo y yo pinto tu lienzo de mil colores.

Me pierdo en tus ojos de miel, viajando a nuevos horizontes. A ese que es tuyo y mío y existe la magia imaginando otros mundos otras aventuras pero siempre a tu lado. y es que me llenas la vida de luces, de nubes pintadas de tonos anaranjados y rojizos, de estelas doradas sobre la espuma del mar, mientras en el puente de tu barco divisamos paraísos por descubrir, allí donde no hay nadie y no existe el mundo.

Y como cada atardecer mientras te esperaba te soñé de nuevo. tus besos llenan mi boca de chocolate caliente derritiendo mis voluntades, mientras tus finos dedos acarician mi profundidad. Cada roce de tu piel es un suspiro, cada roce de tus dedos me arranca una nota. Te siento y bajo tus cálidas manos soy barro esperando ser moldeado, cálido barro derretido y denso.

Apenas que dan ya luz en el horizonte y la luna empieza a alzarse majestuosa, llenando con su luz de plata el cielo, dibujando una estela sobre las olas que me embruja, y me llama mientras me adentro en las cálidas aguas, que siento resbalando por mi cuerpo como una cálida lengua salada que me acaricia y me lleva hacia ti.

Y antes de que me de cuenta estamos unidos en un abrazo acariciado por miles de gotas saladas como tus besos, en la orilla de esa playa solitaria donde sólo la luna puede vernos, y que pudorosa se esconde tras las nubes, abandonándonos a nuestros deseos mientras me fundo con tu agua y tu fuego.

Y te amo, y te siento y me fundes y me deshaces por dentro. Y te dibujo, y te te hago música, canción y lienzo. Y no sé si es todo un sueño. Pues cuando al alba los rayos de un tímido amanecer se reflejan en mi pelo me despierto en tu abrazo, en dulces besos en mi cuello. En mi cama o en la tuya, pero pegada a tu cuerpo. Y suspiro, y me abrazas más fuerte y te beso y tu te escondes entre mi pelo apurando segundos al minutero. Me suspiras bajito susurros de dulce mientras perezosa me despierto, aspirando el aroma de tu cuerpo, reteniendo en mi memoria tu ojos, tus boca, tus dulces besos, que me acompañen todo el día en esa jungla que devora almas y anhelos… hasta que al atardecer, realidad y sueño se confundan y baje a tu playa de nuevo.


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Mientras duermes

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Amanece lentamente, finos rayos penetran con timidez a traves de las rendijas de la persiana dibujando haces de luz en las que minúsculas motas de polvo bailan su danza sin fin. Despierta te observo, pues hace rato que Morfeo me abandonó, y empecé a contar las estrellas que había en tu firmamento. Siento la laxitud del sueño que me abandona con pereza, sin prisa, y me desperezo un poco como un niño remolón que no quiere levantarse. Las sábanas de fino saten resbalan por cuerpo, acariciandolo con su suave tacto, mientras me giro levemente. Lo suficiente para poder observar tu rostro. Tu hermoso rostro.

Me encanta mirarte cuando duermes. Sentir tu respiración en mi piel y acariciar tus sonrisas. Esas que se te escapan de los sueños, iluminando tu cara. Acaricio casi sin tocarte tus mejillas maravillándome como la primera vez del suave tacto de tu piel. Me encanta observarte dormido y decirte todas esas cosas que se me atenazan en la garganta cuando te tengo delante. Cuando las emociones se me cuelan por las rendijas del alma y la voz me abandona como si no fuera mia. Porque es tanto lo que siento que se me aturullan los pensamientos.

Eres todo Y no sé como decirte como iluminas mi vida.

Lentamente día a día, noche a noche, baile a baile, te colaste por la grieta de mi corazón malpegado acariciando sus resquicios, arropándolo con tu calor. Ese que me arropa, cada noche Y cómo decirte que tus ojos son mi infinito, que dislumbro en el horizonte donde todo es posible. Que tus brazos son el abrigo que calma este frío intenso que a veces recorre mi alma. Que tu sonrisa es la luz que ilumina mis sombras. Tu risa mi música. Tus caricias mi mar de sensaciones. Que tus dedos son el pincel que dibuja mi lienzo y tu saliva la tinta que pinta de colores el mapa de mi cuerpo.

A veces mientras duermes te dibujo canciones en los pliegues de tu cuerpo, despacito casi sin tocarte por miedo a enturbiar tus sueños, las yemas de mis dedos te dibujan letras invisibles que hablan de amores, de pasiones de deseos.

Y así paso las horas de este insomnio placentero, dibujando en el aire tus sueños, que imagino mios. que imagino nuestros. Y me quedo muy quieta, respirando muy lento, temerosa de enturbiar el color de esos cuentos que tu sonrisa dibuja flotando en la habitación.

Lentamente amanece, y juego a contar motas de dorado polvo en los haces de luz anaranjada que se cuelan en la habitación como si fueran diminutos tesoros. El aire se cuela por los rincones de la ventana y anuncia que llega el verano pues a pesar de la prontitud de la hora es cálido y espeso.

Me pego a ti esperando ver tus ojos de miel, acariciandome lentamente. Abriendose al nuevo dia y a la esperanza de todo lo posible. Y te despierto con besos tibios y salados como el mar. Como ese mar que cada atardecer busco en el firmamente, llenandome de su energia y misterio, mientras intento desvelar los misterios del horizonte.

Besos de terciopelo que resbalan por tu lienzo acariciando tus mañanas.

Como explicarte todo lo que me recorre cuando me ves y me regalas esas sonrisas que iluminan habitaciones y vidas. Y me agarras suave pero firme pegandome al mapa por descubrir que es tu cuerpo, haciendo que desee colarme bajo tus poros. No deseo salir jamas de este lecho.

Me besas y me llenas de vida nueva. Y soy como una flor abierta al sol cada mañana, esperando tu sol, tu brisa, y tu agua. Me escondo entre tus brazos, me refugio en el hueco de tu cuello mientras lo beso. Me abandono a tus caricias y tus besos. Y las palabras serán de nuevo mudas y se me despeinaran los sentimientos. Da igual que los sueños se esfumen al despertar, si podemos revivirlos despiertos.

Yo te velo cada noche. Y Te sueño mientras te velo,