Smile

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Y a veces sólo sonríes como coraza. Y el mundo se para al borde de esa sonrisa y no pregunta. Y mientras, te inventas un cuento en qué refugiarte de la náusea del mundo. Del asco en las tripas delante de una realidad  que sólo escupe miseria.

A veces cierras los ojos y subes la música para no sentir el ruido, e inventas bailes en los que olvidar esa rabia que te crece por dentro con cada injusticia, con cada puñalada rozando tu cordura. Y buscas una canción en que adormecer la tristeza, hasta bailarte toda la melancolía.

Buscas entre tus escombros el rincón del alma dónde aún te quedan sueños, dónde las ganas se te agarran por dentro sacudiendo  los miedos, los desengaños, buscando esa brizna de rebeldía que aún te hace temblar mirando al horizonte.

Y te coses una y mil veces, incluso esas en que te odias un poco por no ser más paciente, más calma, más orilla y menos tormenta, y te repudias por no abrazar sus errores mientras tus palabras hieren como un pellizco. Y entonces mueres un poco por dentro.

Y entonces crees que ya no quedan sonrisas que regalarle, que se te han muerto todas las horas esperando que amaneciera esta tormenta. Que ya no quedan arcoiris que traspasar entre el frio de este otoño hecho lluvia.

Que cayeron todas las hojas sobre la tierra yerma, seca, y vieja, hasta pudrir todas las flores.

Y piensas que ya no queda luz en tus ojos vacíos, cansados de mirar horizontes que nunca se alcanzan. Secos, sin el brillo de su esperanza.

Sientes que ya no quedan palabras que llenen el silencio. Que apuñalen el aire hasta crujir los vacíos. No queda música, ni canciones que te bailen.

Y entonces te mira, y vuelves a ser mar bravío, en sus ojos.

Y entonces, sólo por arropar su alma, sigues danzando bajo esta lluvia que recorre la tuya. Sólo por su calma ruge esta tormenta, mientras abrazas su inocencia. Y en el cuenco de sus brazos dulces te haces hogar, mientras sus besos acarician tus cicatrices, hasta hacerse bálsamo de cada herida.

Te sonríe, y el mundo se tambalea bajo tus piernas cansadas, y se agarra a tu cintura, y tu sientes como tantas otras veces como te rompes por dentro, hasta hacerte polvo, y como te aprieta su abrazo, hasta juntarte todos los pedazos, hasta coserte cada uno de tus rotos. Hasta fundirte en su sonrisa.

Y mientras suspiras todo el aire contenido vaciando tus pulmones, como si el aire fuera humo negro de desesperanza, piensas en el inmenso poder de una sonrisa, esa que incluso hechos pedazos te llena de ganas hasta seguir intentándolo.

Y mientras besas su rostro le dibujas un ojalá en tus labios, hasta rendirte a la esperanza que habita en sus ojos, hasta perderse en su mar que es calma, acariciando su corazón tan grande y tan pequeño. Y casi sin querer sonríes, sólo para él, con cada pedazo que queda de tu alma.

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