Ella trenza

niñas

Ella no soy yo. Escribí estas pequeñas letras pensando en una luchadora, una mujer vivida en las mil batallas de la vida, y pese a ello nunca rendida. Ahora lo releo y creo que hay muchas de vosotras, mis niñas guerreras trenzando sus silencios entre notas y letras. Peleando cada segundo, cada instante, sonriendo, con las rodillas peladas y las ganas apretadas. Con los sueños enroscados entre cabellos al viento. Asi que con todo mi cariño, yo os trenzo en un abrazo cálido y mullido, y os sonrío.

Ella trenza sus silencios, y entre suspiros esconde las espinas de un dolor que aún araña. Guarda en un rincón del alma todos los pedazos del cristal de su corazón agrietado. Guarda el recuerdo de una coraza enroscada a su cuerpo. Fundida en el calor de un corazón, hasta deshacerse a sus pies al abrigo de un abrazo.

Ella guarda todas las caricias, las que murieron marchitas entre reproches, palabras negras y espesas haciendo losa sobre su alma, mientras sus ojos dibujaban sombras añiles en su dulce rostro.

Tiene en los ojos el brillo de las amazonas antes de la batalla y la dulzura de un ángel caído entre la hojarasca de esta tierra amordazada e injusta.

Ella trenza entre sus manos el viento enroscado en sus cabellos y mientras juguetea a despeinarla se hace música entre sus dedos. Guarda en la mirada todas las guerras pasadas, las que arañaron su inocencia hasta rasgarla por dentro. Y en lo profundo de su mirada queda aún la llama de una esperanza. La que crece entre sus manos, la que se hizo refugio contra su pecho.

Tiene la fuerza del silencio. El que llena el aire hasta hacerlo música, mientras ruge por dentro de su alma un corazón indómito.

Ella es viento. Y mientras acaricia, las hojas bailan la danza de las mil lluvias. Las que brotaron de sus ojos hasta hacerlos lagos profundos. Las que cayeron apretando los puños, hasta clavarse las ganas y las uñas sobre las palmas de sus manos vacías, hasta no sentir más que frio.

Ella es música, y trenza entre susurros todas las notas que llenaron el silencio hasta salvarla de tanta pena apretando en su pecho. De la rabia de su impotencia martilleando en las sienes, de la sangre hirviendo a borbotones, hasta marear sus sentidos. Rabia amarga que en sus labios, rezuma tristeza, callada y violácea como el tatuaje de los mil golpes de esta vida tramposa.

Tiene la fuerza de la rebeldía, de haberse roto una y mil veces, y tras recoger cada cristal de su alma, agarra a la vida por las solapas esperando respuestas sin saber las preguntas, con el valor del que perdió mil guerras, y sabiéndose vencido sopla el polvo de sus lágrimas para pelear la siguiente.

Ella es luz. Tiene la  fuerza de una sonrisa. La que nadie pudo quebrar y brilla aún en sus ojos, y se curva indómita en sus labios mientras te mira, acariciandote con la brisa de un parpadeo, mientras nace en la comisura de su boca un ojalá. Es la cálida luz que escapa entre sus grietas, llama que oscila bailando a las sombras.

Tiene el susurro de su nombre en los labios, y los sueños enredados entre mechones, y entre mil sensaciones las mariposas anidaron en su pelo hasta trenzar sus suspiros, hasta acariciar el silencio de sus cicatrices.

Y mientras se hace luna, el silencio se dibuja en violeta.

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