Vídeo

Furtivos

image

A veces hay historias inconclusas, como los relatos, que se quedan en el tintero sin llegar a hacerse palabras. Sensaciones que vuelan hacia el horizonte que despacio se aleja. Por alguna razón no llegan a ser, y mueren en hojas amarillentas que vuelan con la brisa.

Este pequeño relato empezó hace mucho, y quedó inconcluso, y apagado, hasta hace poco, porque a veces las sensaciones que un día murieron entre los dedos de repente, nacen de nuevo, y bailan otra vez al compás de nuevas notas, sintiendo la música.  

Es noche cerrada, oscura. Apenas se ven las estrellas, pues las espesas nubes cubren el cielo, hasta la luna parece ocultar sus hilos de plata tras el velo de una, que caprichosa le hace de bufanda. Ella llega tarde, muy tarde, sabiendo que sortea los imposibles, y que él estará dormido. Que seguro la esperó hasta caer en un profundo sueño, imaginándola, anticipando las caricias, los besos, la pasión, de una noche robada al tiempo, parado por un día en sus calendarios.

Abre la puerta despacio sin hacer apenas ruido mientras parpadea rápido para acostumbrar sus ojos a la escasez de luz. Apenas los restos de unas velas iluminan la estancia, que llenan de ese olor a rosas que a ella tanto le gusta. Casi de puntillas se cuela en la cama y lo mira dormir. Respirando profundo y pausado. Plácido y relajado, tanto que no puede evitar sonreír mientras le da un dulce beso en los labios. Se desliza bajo las sábanas mientras se abraza a él, aspira su aroma sobre su espalda y se agarra más fuerte rodeándolo con sus brazos mientras se pega a su piel hasta que parecen fundirse en una sola. Él la siente y coge sus manos llevándolas hasta sus labios besándolas despacio, con todos los besos que guardó para ella durante el día, todos los que imaginó darle durante largas noches de espera, los que ardieron en su boca en cada uno de los momentos en que la distancia fué ausencia.

Despacio, muy despacio, se gira, hasta quedar frente a ella, con sus rostros casi pegados, casi compartiendo el aliento, mientras la mira con sus hermosos ojos oscuros, que la acarician hasta hacerle olvidar el mundo, invitándola perderse en su fuego, ese que arde sólo para ella. Y ella, ansiosa por refugiarse entre sus brazos, se deja llevar, como aquella mañana, como en aquel primer beso, que robado en un arrebato de valentía y deseo desarmó cada ladrillo de sus barreras, y como ese día, siente sus manos dulces pero firmes sobre su espalda, acercándola a su cuerpo hasta pegarla a él, hasta fundir su cuerpo en ese beso, en que le entrega su alma.  Y ella responde con sus ganas de perderse en mil iguales, en él, olvidando lo que la rodea, sintiendo que el mundo no existe, y que da igual que arda, porque ellos tienen su propia hoguera.

No hay nada más, sólo ellos dos, y mientras le mira, dibuja sus labios con la punta de un dedo acariciándole despacito, pintando su piel de mariposas. Y él medio dormido le susurra muy bajito un te amo que la recorre entera, haciendo que se le erice cada sensación muy dentro.

Y como entonces, Tiembla.

Tiembla bajo sus manos, como una hoja acariciada por la brisa, llena de sensaciones que juegan bajo su piel acariciando su alma, arropando ese frío que a veces la paraliza, que a veces se le clava aún en los huesos, en su sentir más profundo, y al calor de sus besos, de sus yemas enredadas en sus cabellos, se despiertan mil sentimientos dormidos, y él, que la siente deshaciéndose en sus manos, la acerca aún más abrazándola con todo el calor de su corazón, secando una lágrima que sin querer se le escapa rodando despacio por la mejilla. Ella le besa fundiéndose en su boca, y el mundo desaparece en ese mar de sensaciones.

Ansiosos por sentirse, se susurran las palabras, y mientras la abraza y acaricia despertando la piel, siente como se derrite en su boca mientras sus dedos juegan a tatuar caricias sobre sus poros.

Y ella se siente agua entre sus manos, derretida mientras sus dedos deslizan despacio su ropa hasta liberarla de cada prenda,  la acaricia muy despacio dibujando su piel apenas con sus yemas, recorriendo lento su cuerpo, besando cada centímetro de su cuello, abrazando su cuerpo desnudo, piel con piel, sin dejar de besarse hasta sentir la presión de sus pulmones en ese último aliento.

Se separan apenas un centímetro para mirarse a los ojos y verse en ese fuego que ella siente que la hace ceniza. Sus manos la recorren muy despacio y mientras recupera la respiración  sus labios pintan de sal cada milímetro de sus poros, erizados en mil sensaciones en su piel hambrienta. El calor los envuelve, despertando el deseo que crece queriendo sentirse, necesitando fundirse uno en otro, con urgencia, como un fuego que quema piel y voluntad, y ser uno en la madrugada bañada por los rayos de la luna, empeñada en ser testigo de su amor, cómplice de sus encuentros, guardiana de sus noches, mientras como una dulce marea la pasión baña sus orillas.

Él la mira una vez más, ahogándose en el mar de sus ojos, llenando de vida su corazón, y de pasión su cansado cuerpo, y mientras bucea en su azul cristalino le susurra -Hazme el amor, y vísteme con tu piel y tus palabras, lléname con mil caricias y arropame con tus besos, despierta una vez más mi alma, hazme arder entre tus dedos, y que nos sintamos vivos, hasta sentir que muero- y mientras cada palabra es un suspiro, sus ojos la envuelven en el fuego de su deseo, y se aferra a su espalda para que la sienta, para que le baile hasta los sentimientos más profundos, llenándola de su calor y su esencia, de su amor y pasión, de su deseo. Sintiendo juntos sus cuerpos unidos formar uno solo, que se mueve escuchando una música que solo suena para ellos.

Y se aman, como si no existiera más noche, cómo si no hubiera mundo, mientras la pasión los abrasa, los funde, poseyendo cada rincón de sus cuerpos, cada cristal de sus almas, mar y fuego unidos, agua y arena bañados por su pasión, hasta amanecer rozando el horizonte con la punta de los dedos, sintiendo que no existe el mundo más allá de su abrazo, de sus almas unidas, de calor de su amor, vibrando, sintiendo, y mientras todo se funde en placer y sensaciones que estallan muy dentro, la noche los acaricia con su magia, mientras la luna les sonríe acariciando sus pieles, rozándolas con sus halos de plata.

Entrelazados aún, se dejan caer, cuerpo sobre cuerpo, se acurrucan muy pegados y con un último beso, ella se refugia en el hogar de su abrazo hasta sentir la dulce caricia del sueño, mientras se siente en casa, entre sus brazos.

Anuncios

2 comentarios

  1. coke

    Me encanta una vez mas muakssss

    febrero 8, 2015 en 7:33 pm

    • Bibia

      Muchas gracias diablillo, un besote!!!

      marzo 1, 2015 en 5:57 pm

Cuéntame

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s